Sentirte que volviste a fallar en lo mismo que hace poco prometías no volverlo a hacer te hace sentir sucio e indigno de presentarte nuevamente delante de Dios.
Pareciera que esas son las ocasiones preferidas del enemigo de nuestras almas para acusarnos y meter toda clase de basura en nuestra mente, suspasatiempo preferido es recordarnos cada falla que hemos tenido, cada promesa a Dios que no hemos cumplido, cada momento intentado pero fallado, su veteranía en estas áreas le hace en muchas ocasiones cumplir su objetivo: alejarnos totalmente de Dios.
Y es que seamos sinceros, cuando le hemos prometido a Dios que le seremos fieles y que no volveremos a cometer aquel pecado que tanto nos avergüenza, pero que dejados llevar por nuestras debilidades no cumplimos y terminamos haciendo lo que dijimos que no haríamos, nos hace sentirnos muy mal, muy mal con nosotros mismos y mucho más con Dios.
En esos momentos de tristeza espiritual, cuando nos sentimos sucios, pecadores, mentirosos, es cuando nos creamos un sinfín de conceptos de Dios, nos ponemos a pensar en su lugar, nos auto juzgamos, nos auto condenamos, intentamos hacer el trabajo que a Dios le corresponde, nos queremos poner en su lugar y somos muy crueles con nosotros mismos.
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