El Espíritu Santo me ha llevado a comprender que existen diversas formas de adorar al Señor; sin embargo, me ha hecho entender que el adorar a Dios no es cuestión de métodos, pues adorar a Dios no es una elección, es un acto de obediencia, de reconocimiento y de respeto hacia Él en todo momento:
1. Adoro a Dios cuando todo lo que soy lo dispongo ante Él: Me causa mucha tristeza saber que todavía puedan existir personas que no saben quiénes son, de dónde vienen y mucho menos hacia dónde van, cuando basta sólo con reconocer a Dios a través de su Hijo Jesucristo, quién dio su vida por todos nosotros para darnos la vida.
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